viernes, 18 de abril de 2008

bairro alto



-¡hace un día de mierda!.

llegamos al parking donde íbamos a dormir a las ocho hora portuguesa. estaba cayendo el amazonas sobre nosotros mientras disipábamos dudas recortando calles del barrio alto lisboeta. la primera cerveza nos supo a gloria, era un bar de temática mexicana y con un ambiente bastante extraño, ejecutivos, peregrinos y estudiantes extranjeros, los camareros parecían sacados de un combate callejero.
salimos, sin prisa, mojándonos con las piedras del suelo, y ellas con las paredes de las casas más viejas y todo era un festival del agua y del sistema de alcantarillado de la zona. había peluquerías con la decoración de un suburbio y bares-tienda llenas de camisetas surferas.
la segunda cerveza entró aún mejor porque estábamos mucho más mojados y el frío empezaba a aparecer, el sitio estaba vacío, había posters de películas españolas en las paredes y la mezcla de colores era algo cutre, lo regentaba un chaval joven que decía trabajar de vez en cuando en un bar de madrid, cerca de la puerta del sol, fue amable y nos dio conversación y sobretodo un techo.
ahora sí que llovía, tres ríos atravesaban la calle y en frente un restaurante empezaba a llenarse, corrimos otra vez pero ahora cada uno por su lado, nos encontramos en una esquina y entramos en un sitio que debió ser importantísimo hace muchos años, fotos con famosos y actuaciones en directo de guapas fadistas llenaban las paredes, una joven pareja de extranjeros se estaba queriendo mucho en una esquina. dos cervezas más.
bajamos la calle y empezábamos a tener hambre, entramos en un sitio muy tranquilo, otra pareja de extranjeros, esta vez eran polacos, iban por la cuarta ronda de cervezas. pedimos nuestra cena, el menú era una jarra de cerveza de medio litro para cada uno, allí estábamos muy bien y en el baño había un espejo donde te veías mientras orinabas, algo muy confuso. hablando y viendo la televisión americana en portugués se nos pasaron dos horas volando y seguía lloviendo a mares.
salimos y empezamos a no ver nada abierto, a tener mucha hambre y frío, a desfallecer. vagabundeando por las calles en busca de un sitio caliente y con más cerveza. de repente se nos cruzó corriendo y gritando un payaso de raza negra de dos metros y medio de altura con mil globos en las manos, en medio de la noche, de la lluvia, de todo aquello. le seguimos como niños detrás de una pelota y entramos en un local que estaba de celebración. los canapés de jamón saciaron nuestro apetito, había muchos payasos, y magos, y gente increíble. un hooligan inglés fan incondicional del manchester united nos invitó a un par de hostias bajo la lluvia, pero nuestra diplomacia le ahuyentó.
la gente corría por el local como cucarachas en un circo, un mago me hizo un truco con agua tan rápido que no me enteré de nada. en un momento un chaval joven, algo pijo, se me acerca con vehemencia al oído y me grita algo en un idioma raro o alcohólico y sale disparado hacia la puerta, nose si debía correr detrás o hacerle lo mismo a otra persona formando parte de un juego absurdo, me quedé parado y vacíe el plato de canapés vegetales.
se nos acercaron un par de mujeres maduras, una de ellas era sevillana y olé, y estaba casada con un rico portugués desde hace doce años, nos alegró un poco ver algo de gracia española por aquel lugar tan especial. la otra tenía cuarenta y cinco años y me contó que trabajaba en una biblioteca y no sabía quien era bukowski ni tampoco sabía como llegar a fin de mes, pero le daba igual y seguía pidiendo copas con la cara pintada de una especie de luchadora china.
aquella era sin duda la fiesta más rara donde he estado nunca.

1 comentarios:

j_mgil dijo...

Enhorabuena. Fantástico relato...