viernes, 4 de abril de 2008

opciones

desde hace tiempo me sorprenden los goteos de realidad que llenan su blog, un profesor que después de tres años sigue enseñándome.

"Había envejecido como un trozo de carne que se pudre en el estante de la despensa, sin la experiencia de la vida". Así se expresaba William Burroughs para referirse a la vida burguesa de la mayoría de nosotros. Tenemos una sola vida, nacemos con la fecha de caducidad ya puesta en el reverso y, aunque a veces hagamos como que se nos olvida, no hay mayor verdad que la de que algún día tenemos que morir.
Ante ese destino caben muchas opciones, pero substancialmente se resumen en dos: decidimos arriesgar u optamos por conservar, es decir o somos artistas o somos conservadores de museo. El artista es el que arriesga y se equivoca y vuelve a intentarlo por otro camino, de otra forma, y avanza un paso o dos y retrocede otros tantos o uno menos, y se estrella y se rompe y se vuelve a recomponer pero ahora de otra manera. El conservador de museo elige siempre lo menos arriesgado, la estabilidad sin cambios, es el que huye de toda situación crítica, del conflicto y se refugia en una temperatura y grado de humedad estables, fijos, no cambiantes. Cada uno de nosotros elige ser una cosa o la otra.
Desde el momento en que le tenemos miedo a morir, elegimos ya la opción de una vida lo más larga posible. Una vida llena de cuidados, preventivos, paliativos, curativos. Una vida tranquila, estable, sin cambios, sin mayores riesgos que el de saltarse de vez en cuando los niveles de azúcar o colesterol. Una vida para sacar nota, conseguir un mínimo y simple objetivo, profesional o académico, personal o familiar, social, y detenerse ahí, en ese momento, para procurar prolongarlo o conservarlo el mayor tiempo posible. Casi nadie elige una vida arriesgada, intensa o llena de excesos, porque eso implica cambios, riesgos, desequilibrio, aunque, es cierto, procura un nivel de satisfacción y autenticidad mayor.
Tenemos una vida y la sacrificamos por conservarla el mayor tiempo posible. La valoramos más que la propia vida y elegimos morirnos antes que morir. Morirnos en la rutina de la obra hecha, en vez del riesgo del "sin vivir".
Somos vulgares.

http://www.zonalibre.org/blog/odyseo/




1 comentarios:

esteff dijo...

No se si seguirás pensando que sin mis comentarios tu blog se hunde sin remedio, el mio sigue ahí, aguantándome.

Muy buenos los que lees, tienes buenos maestros.

un beso.