domingo, 30 de agosto de 2009
¡Qué suplicio estival me inunda! ¡Qué inmundicia más grande esta de sudar y derretirse al compás de los segundos! Mi infinita imaginación no hace sombra a las calamidades que esta real realidad me hace pasar. Las chicas del bikini disfrutan con ignorancia en grandes playas de arena fina y besan a sus apuestos novios despidiéndose de ellos debido al otoñal ingreso en los gimnasios. ¿Y por qué razón permanezco en esta habitación tan informatizada, ajeno a la vida, dejado de cuidados femeninos y entablando conversaciones con mi otro yo? ¿Debería apuntarme a uno de esos gimnasios para que en un próximo verano pueda yo disfrutar de miradas furtivas y arrumacos playeros? No creo que proyecte una mala imagen al prójimo, seguramente sea un joven que se hace pasar por culto pero con ciertos toques de reprimida bohemia, y aun así la inactividad que te otorga eso de tener conciencia o algún principio que se me coló en la lista sin estar yo muy de acuerdo, me impiden establecer contactos próximos con seres semejantes, susurrar bellas palabras al oído o tener insignificantes amores de verano dignos de algún relato hemingwayano. ¿Cómo puedo caer tan al fondo de una literaria y aburrida rutina? ¿Estoy perdiendo, como a la chica que se le voló el sombrero aquella tarde en la que el viento apretaba sin mesura, la cordura?

5 comentarios:

mariotormo dijo...

ve a por el sombrero.

ella ya no estará para cuando te gires a devolvérselo.

pero se alegrará cuando la encuentres y te vea con una sonrisa en la cara y su prenda sobre tu pelo

Chafan dijo...

Qué bueno. ---No olvideis que el perjurio es una virtud cuando a través de él puede evitarse un crimen.

imperfecta dijo...

¿no va a volver usted por aquí?

Blanca dijo...

¿No escribe ya más? Una pena, señorito.

Los sueños de verano son encantadores, aunque duran y consuelan bastante más los invernales. ¿No cree?

Victoria M. dijo...

Bukowsi.
13.
Cáceres.
Sí.